Ocurrió todo en la noche del 21 de agosto, llovía como nunca antes había llovido en aquel pequeño pero acogedor pueblo.
Eran casi las 23:00 cuando él llegó, salió del coche y se dirigió hacia nosotras, iba vestido con la ropa de entrenar, por lo que rápidamente comprendí que había estado entrenando hasta esa hora. Se acercó y empezó a hablarnos lo hacía con un tono cariñoso y comprensivo, ya que, de lo que hablábamos daba la casualidad que el también lo había sufrido; un desamor. Hablamos hasta hartarnos, no parábamos ni un segundo, mientras que el me abrazaba y me tocaba con cuidado el cuello y los brazos, haciéndome cosquillas, no sé cómo pero cada vez me atraía más hacia su cuerpo, seguíamos hablando y fue entonces cuando ocurrió, nos quedamos callados, el se acercó a mis labios, pero no llegó a besarme, me quedé a un centímetro de su boca…
Llovía tanto que fue inevitable entrar en aquel bajo, nos sentamos a ver una película, él se sentó a mi lado. Yo intentaba ver la película pero no daba, era imposible, no podía pensar en otra cosa que no fuese lo ocurrido, estaba tan absorta en mis pensamientos que ni siquiera me di cuenta de que él me había agarrado la mano, estuvimos así como media hora, con alguna mirada acompañada de una sonrisa irradiante de por medio, pero fue inevitable, la hora de irnos de allí había llegado, yo me tendría que ir y al él no lo volvería a ver, él se acercó a mí y me dio dos besos muy cerca de mi boca, me agarró de la mano y me dijo: espero volverte a ver. Nos dijimos un adiós resentido… aquella noche no dormí.

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